La Biblia Reina Valera

Marcos 7

Marcos

Indice

Capítulo 8

1

 

  EN aquellos días, como hubo gran gentío, y no tenían qué comer, Jesús llamó á sus discípulos, y les dijo: 

 

 


2

 

  Tengo compasión de la multitud, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer: 

 

 


3

 

  Y si los enviare en ayunas á sus casas, desmayarán en el camino; porque algunos de ellos han venido de lejos. 

 

 


4

 

  Y sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien hartar á estos de pan aquí en el desierto? 

 

 


5

 

  Y les pregunto: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete. 

 

 


6

 

  Entonces mandó á la multitud que se recostase en tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, partió, y dió á sus discípulos que los pusiesen delante: y los pusieron delante á la multitud. 

 

 


7

 

  Tenían también unos pocos pececillos: y los bendijo, y mandó que también los pusiesen delante. 

 

 


8

 

  Y comieron, y se hartaron: y levantaron de los pedazos que habían sobrado, siete espuertas. 

 

 


9

 

  Y eran los que comieron, como cuatro mil: y los despidió. 

 

 


10

 

  Y luego entrando en el barco con sus discípulos, vino á las partes de Dalmanutha. 

 

 


11

 

  Y vinieron los Fariseos, y comenzaron á altercar con él, pidiéndole señal del cielo, tentándole. 

 

 


12

 

  Y gimiendo en su espíritu, dice: ¿Por qué pide señal esta generación? De cierto os digo que no se dará señal á esta generación. 

 

 


13

 

  Y dejándolos, volvió á entrar en el barco, y se fué de la otra parte. 

 

 


14

 

  Y se habían olvidado de tomar pan, y no tenían sino un pan consigo en el barco. 

 

 


15

 

  Y les mandó, diciendo: Mirad, guardaos de la levadura de los Fariseos, y de la levadura de Herodes. 

 

 


16

 

  Y altercaban los unos con los otros diciendo: Pan no tenemos. 

 

 


17

 

  Y como Jesús lo entendió, les dice: ¿Qué altercáis, porque no tenéis pan? ¿no consideráis ni entendéis? ¿aun tenéis endurecido vuestro corazón? 

 

 


18

 

  ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿y no os acordáis? 

 

 


19

 

  Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas espuertas llenas de los pedazos alzasteis? Y ellos dijeron: Doce. 

 

 


20

 

  Y cuando los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas espuertas llenas de los pedazos alzasteis? Y ellos dijeron: Siete. 

 

 


21

 

  Y les dijo: ¿Cómo aún no entendéis? 

 

 


22

 

  Y vino á Bethsaida; y le traen un ciego, y le ruegan que le tocase. 

 

 


23

 

  Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, y poniéndole las manos encima, le preguntó si veía algo. 

 

 


24

 

  Y él mirando, dijo: Veo los hombres, pues veo que andan como árboles. 

 

 


25

 

  Luego le puso otra vez las manos sobre sus ojos, y le hizo que mirase; y fué restablecido, y vió de lejos y claramente á todos. 

 

 


26

 

  Y envióle á su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas á nadie en la aldea. 

 

 


27

 

  Y salió Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó á sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo? 

 

 


28

 

  Y ellos respondieron: Juan Bautista; y otros, Elías; y otros, Alguno de los profetas. 

 

 


29

 

  Entonces él les dice: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Y respondiendo Pedro, le dice: Tú eres el Cristo. 

 

 


30

 

  Y les apercibió que no hablasen de él á ninguno. 

 

 


31

 

  Y comenzó á enseñarles, que convenía que el Hijo del hombre padeciese mucho, y ser reprobado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días. 

 

 


32

 

  Y claramente decía esta palabra. Entonces Pedro le tomó, y le comenzó á reprender. 

 

 


33

 

  Y él, volviéndose y mirando á sus discípulos, riñó á Pedro, diciendo: Apártate de mí, Satanás; porque no sabes las cosas que son de Dios, sino las que son de los hombres. 

 

 


34

 

  Y llamando á la gente con sus discípulos, les dijo: Cualquiera que quisiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz, y sígame. 

 

 


35

 

  Porque el que quisiere salvar su vida, la perderá; y el que perdiere su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará. 

 

 


36

 

  Porque ¿qué aprovechará al hombre, si granjeare todo el mundo, y pierde su alma? 

 

 


37

 

  ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? 

 

 


38

 

  Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adulterina y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará también de él, cuando vendrá en la gloria de su Padre con los santos ángeles. 

 

 


Marcos 9

 

 

 

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